Writings

"La Siempre Habana", Solo Show at Havana Gallery, 1977
by Felix Pita Rodriguez (view)

"Havana is Woman", 1998 
by Pablo Armando Fernandez

"Decanting", Solo Show at La Siempre Habana Gallery, 2007
by Rafael Pérez y Pérez

"Ciudades Madre", 2012
by José De La Fuente

"Luis Miguel Valdés: Painting Is Life", 2016
by Hortensia Montero (view)

  

Writings 

"La Siempre Habana", Exposición Personal en Galería Habana, 1977 
by Felix Pita Rodriguez

La primera vez que el hombre aspiró a perennizar sus sueños, lo intentó grabándolos en la piedra dura de las cavernas, símbolo mágico, talismán propiciador o sortilegio para lograr oscuros o indescifrables fines, el grabado está allí, en el alba del hombre sobre la tierra, precediendo o anunciando a todas las artes plásticas. Sobre la piedra, sobre el hueso, más tarde sobre metal, lo hallaremos siempre, jalonando el largo camino del arte en el discurrir de los siglos. Cuando con Rembrandt, Durero, Goya, Piranesi, alcanza sus más altas cimas, nos obliga a pensar que el artista acudió a él como a la única forma de expresión plástica capaz de soportar la oscura violencia de su fuerza creadora. ¿Podríamos acaso imaginar a "Las tres cruces", "La melancolía", los "Caprichos o "Las prisiones” alcanzados por otros caminos?

Tal vez no sea posible hallar entre las artes plásticas medio expresivo tan cargado de dificultades a vencer, de obstáculos a sortear, de añagazas v trampas a burlar. Pero tampoco podríamos encontrar otro capaz de proporcionar al creador, una vez ganada la meta propuesta, alegrías comparables, satisfacciones mayores.

Esta muestra de Luis Miguel Valdés Morales que el Ministerio de Cultura se complace en presentar en la Galería de La Habana nos adentra con mucha claridad por vías escabrosas, de difícil andar, que el grabador ha de recorrer con en seguro, sin timideces ni vacilaciones, antes de aprisionar en esa cárcel de líneas que no admite titubeos el sueño perseguido.

Sin proponérselo, sin hacer gala de su maestría el taller, sin que podamos verle la urdimbre soterrada que los sostiene, y ésta es una de sus excelencias mayores, los grabados de Luis Miguel nos dejan sin embargo asomarnos al laborioso y largo proceso que los hizo posibles. Pero lo que detiene y apresa nuestra mirada es lo que esa pericia técnica logró, al transmutarse en obra de limpio linaje artístico. Y esto, aspiración suma de todo verdadero artista, lo encontraremos una y otra vez a lo largo de esa excelente muestra.

Casi todas las formas posibles del grabado están presentes en ella. La madera, la litografía, el linóleo, el metal, tratados por igual con singular maestría, se hacen vehículos hermosos para la creación artística, embridados por un dibujo sutil y delicado a la par que vigoroso y definidor, y realzados, en sabia dosificación por un color de tierno lirismo que no olvida nunca los cauces severos que le fija el grabado, nos entregan, en suma admirable, una obra ya en plena madurez anunciadora de nuevas cosechas futuras.

   

"Luis Miguel Valdés: La pintura es la vida", 2016
por Hortensia Montero


En su amplio repertorio visual se establece un engarce importante de su obra con aquellos elementos de su tierra natal, asociados a referencias de la historia del arte, apreciables desde los inicios de su producción artística. Su discurso visual denota un apego mantenido a sus esencias, tanto en las escenas recreadas de la cosmogonía insular, como cuando asume obras universales como referencia. Muchos de los recursos utilizados en su poética, ya sea pintura, dibujo, grabado o escultura, traslucen sus vivencias desde los quince años en La Habana, cuando ingresó en la Escuela Nacional de Arte (ENA).

Tras su arribo a México en 1991, asumió en su discurso los volcanes y la catedral mexicana, entre otros temas recurrentes y universales, y se apropió de la recreación del entorno asumido desde metáforas. Su amplio diapasón de intereses creativos se centra en la apropiación del arte internacional asumido con su estilo particular de connotaciones simbólicas. En su obra se delata la huella de la cultura cubana en los títulos, el gracejo y la aprehensión de referentes nacionales. Lo mismo concibe una recreación de El nacimiento de la primavera en la cual incorpora el Real Castillo del Morro de La Habana; que realiza tres apropiaciones de paisaje -en los cuales hace referencia a Bacon-, o concibe una versión de La venus del espejo -realizada en pintura sobre papel- de encomiable factura; un Homenaje a Lichtenstein, incorporándole elementos propios; ejecuta una serie dedicada a los toros, como un homenaje a Dominguín; o realiza un espectacular dibujo en talla sobre madera, de 120 x 175 centímetros de dimensiones, sobre una versión del malecón habanero -realzado con acuarela- cuya impresión resultó ser una fascinante imagen. Ese taco revela las habilidades artísticas y técnicas del artista. En el 2015, participó con ese grabado en la Bienal de Gráfica de Guanlan, en China y la espectacular obra ha sido seleccionada para formar parte de la Colección permanente del China Printmaking Museum.

Su universo sugestivo y atrayente ofrece una impresión grata en los espectadores por el atractivo de su impronta, resuelta con la línea visible y cambiante de su dibujo, reforzado por ese afán de reinventarse cada vez, que se aprecia en su discurso; así como por los sugerentes y jocosos títulos de sus composiciones. Su discurso visual se distingue por el juego de palabras en los títulos, la utilización del blanco, como línea que demarca los espacios; la soltura de los trazos, la mezcla del color negro, que bordea las figuras; las líneas inconexas, que aparecen en la abstracción; así como las manchas azules, con el reborde en blanco, que realza una escena de abundante colorido.

Asume una figuración caracterizada por líneas visibles, negras, pequeñas, cambiantes, apoyado en la versatilidad de un estilo que aprovecha el trazo lineal y el regodeo de la impresión de su caligrafía junto al ritmo y movimiento de la composición, reforzado por el título que distingue cada obra. En su amplio repertorio artístico se caracteriza por tener una representación visual muy cambiante, que puede ser maciza, versátil, lineal, o remitirnos al trazo de su caligrafía, apropiada para crear contornos y siluetas en el soporte. Se expresa con soltura en los trazos y en el colorido de cada exponente. Para este artista, la vida es un juego constante y se regocija de vivir jugando a ser feliz para sentirse realizado.

Asume las más diversas técnicas y soportes. Posee un excelente dominio de control y descontrol en su ejercicio creativo, tanto en pintura como en grabado. Con tesón y talento, asume diversos materiales y se desempeña con destreza en un amplio espectro de técnicas mixtas sobre tela, papel, metal o madera, grabado en linóleo o madera, collage, así como en óleo, acuarela, collage, tinta sobre tela o papel. Hace uso del grafismo y de textos con su caligrafía. Despliega una amplia creatividad cuando reutiliza los materiales para recomponer las imágenes, marcadas por esa veta poética que caracteriza su producción. Sus intereses plásticos están centrados en reinventarse en cada composición, en la que asume la pluralidad de intereses y temas, dado por su necesidad vital de expresarse.

El humor está presente en sus realizaciones porque es parte de su vida. Se hace especialmente patente en cuatro autorretratos resueltos en la obra No hago otra cosa que pensar en mí, en la cual se advierte la diversidad de sentidos de su producción artística realizada con diversas técnicas y estilos.

Su placer por la pintura lo llevó a realizar un mural con creyón sobre tela, de 3 x 10 metros, titulado Sinfonía La Siempre Habana, inspirado en la Plaza de la Catedral, esa novia que siempre lo espera. Realizado entre septiembre y noviembre de 2016, en largas jornadas de trabajo –transmitidas, parcialmente, con los sucesivos videos subidos a Facebook, lo cual generó una tensión atractiva, divertida y cómplice con la comunidad que sigue su trabajo- demostró fehacientemente que cuando comienza a pintar, disfruta. Esta monumental hazaña marcó el sello de su visualidad y la inconfundible poesía de su estilo, al imprimirle movimiento, fuerza y dinamismo a la composición.

Esta experiencia demostró ampliamente sus posibilidades para el abordaje de un soporte de amplias dimensiones -realizado en sucesivas jornadas de duro trabajo- resuelto con la ligereza del trazo y la maestría necesaria para asumir semejante reto. Diversidad, ejercicio físico, tesón, oficio y contrapunteo son las coordenadas que marcaron esta experiencia. La obra se destaca por la coherencia narrativa característica de su visualidad y el poder sugestivo de la imagen recreada, que tiene el poder de seducir y quedarse en el imaginario de la conciencia individual y colectiva.

Luis Miguel disfruta el intercambio que se establece con una gubia o una herramienta eléctrica, sacándole astillas al soporte de madera para crear un desnivel en la superficie, que se va a imprimir posteriormente, pero expresa: “Una de las acciones que más disfruto es la pintura porque se establece una relación de violencia sobre la tela, aunque también te demores mucho en hacer una línea que quieres que te quede lo más limpia posible."